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Presentación libro: Honorable sociedad.

Honorable sociedad, Héctor Maffi

Alguna vez se ha dicho que una novela es como un mecanismo de relojería, engranaje complejo, en que cada pieza cumple una precisa función, cuyo resultado es el latido que mide ese algo llamado tiempo. Toda narración está hecha de tiempo: sucede en el tiempo y respira con un tempo o ritmo interior.

También se ha comparado la novela con un juego de espejos, donde las figuras de la ficción se enfrentan y multiplican, se oponen o se complementan. Las categorías del lenguaje reflejan la realidad en un espacio de profundidades y cercanías ilusorias. A veces el espejo se rompe en la conciencia narrativa y cada fragmento es una unidad que debe recomponerse en el todo.

Otra metáfora que intenta definir la novela es la del tejido en que los hilos de la trama se enlazan y desenlazan, se cruzan y anudan, se atan y desatan. De este modo la narración va diseñando una composición que permite ver cómo lo que sucede en una parte de la historia se recoge en otra a modo de hilos que atraviesan un telar para ir formando un dibujo coherente y bello.

Para comentar y explicar algunos aspectos de esta novela que hoy tenemos en nuestras manos, Honorable sociedad, acudiremos indistintamente a estas imágenes que nos servirán para ir adentrándonos, aunque brevemente, en las líneas de escritura y en la concepción novelística del autor.

En primer lugar hablaremos de la trama, de cómo el narrador dispone y organiza la experiencia del acontecimiento a fin de transmitir al lector la historia, el mundo imaginario donde se mueven los personajes y esa sensación de tiempo que transcurre de modo lineal, paralelo o fragmentario.

La estructura de la trama de esta novela se organiza en torno al viaje que una familia argentina realiza por Italia hacia 1983, fecha que, más que mencionada, está mostrada mediante una serie de indicios y de informaciones acerca de la época, que van definiendo el clima histórico: la muerte del juez Falcone, el régimen militar en Argentina, las elecciones del 83. Este viaje parece, en principio, un recorrido turístico y placentero, en busca de monumentos que acercan a los viajeros al origen de nuestra cultura, pero también a las fuentes familiares, a las raíces: Pág. 36.

Sin embargo, el lector comprende, gracias al diálogo constante que los personajes sostienen a lo largo de la novela, que el viaje de regreso a los orígenes es también una forma de huida del infierno que por entonces era Argentina, hacia el paraíso soñado en una isla bendita, Sicilia. En este movimiento, que trasciende lo particular para alcanzar un sentido universal, se entretejen la historia y el mito: nuestros antepasados se despidieron de este viejo continente para llegar a aquella Argentina promisoria, Ulises regresa a la felicidad de su Itaca para recuperar la paz y el amor. Es la búsqueda del hogar seguro donde todos puedan crecer en armonía y libertad. Pag. 39.

La imagen del puerto de Santa Margarita Ligure, con que arranca la novela atrae estos hilos y se convierte en centro gravitacional reflejado en el personaje de Gorgias, el marino griego. En este primer capítulo aparecen algunas claves de la novela: el hogar familiar, el simbolismo del mar como espacio abierto a todas las posibilidades, la libertad como facultad esencial de la condición humana: Pag. 10.

La novela se cierra también con la imagen del puerto cuando, restaurado el orden roto por la violencia, el barco del griego, Agapitos, espacio fraternal, vehículo liberador, emprende su viaje hacia la esperanza de un mundo donde se respire y se viva en libertad: Pag. 139.

Este proceso narrativo se va dando en la novela sabiamente gobernado por el narrador que logra intensificar la tensión dramática mediante un tempo que combina la quietud, remansada en la contemplación del paisaje o de las obras de arte, con los momentos de acción en que la novela adquiere un dinamismo dramático, sobre todo al final, cuando todo conduce a un desenlace con el que acaba una etapa de lucha y se abre un espacio de esperanza. Asimismo, los personajes se van perfilando y asumen la fuerza de su presencia con algunos rasgos que revelan su contextura moral, mostrados a través de las actitudes y del lenguaje. Se establece un juego de combinaciones y oposiciones que determinan las funciones de cada personaje, formando un sistema que individualiza a los miembros de la familia en relación con los familiares sicilianos, con la memoria de los amigos que han quedado en la Argentina, muchos de ellos desaparecidos, y con los nuevos personajes con quienes se van relacionando a lo largo del itinerario emprendido.

Es el tema de la libertad, en todas sus dimensiones, una de las líneas fundamentales de la trama. La libertad rige las elecciones de los personajes hasta el momento en que se les van oponiendo dificultades, al principio como leves indicios (un hombre con traje oscuro y anteojos de sol, una alusión a “los señores de la comarca”, un abuso en el importe que cobran en el hotel...), dificultades que van creciendo a medida que se suceden los hechos. Esa libertad, por la que el ser humano se desarrolla en plenitud, está amenazada de muerte. Polifemo acecha desde su antro; Hades desde el infierno. La mafia en Sicilia, el régimen militar en Argentina. La violencia, la opresión, el odio, recaen sobre seres inocentes y el tejido social va enfermando. Pero la lucha está entablada: los héroes se oponen a la destrucción y a la pasiva sumisión que pretenden los Polifemos de turno. La figura del juez Falcone adquiere una grandeza modélica, pese a que él hace lo que considera su deber natural, y si bien cae víctima de la violencia, su recuerdo fortalece a quienes quieren luchar para acabar con ese estado de cosas. Pag. 40.

El tema de la libertad vértebra todos los motivos que actúan desde el interior de la novela a modo de espejos que los muestran en sus distintas dimensiones. El espejo del arte que refleja los ecos de la creación y del tiempo. El espejo del mito (el ya citado Polifemo, Ulises y Penélope, Orfeo, Deméter y Perséfone, las ninfas de las fuentes...) siempre actual y a la espera de otra reescritura, puesto que en los mitos están los interrogantes del ser humano de todos los tiempos. El espejo del paisaje, inmutable y sereno, más allá del tiempo y de las pasiones humanas, pero al mismo tiempo generador de esa fuente de armonía y renovación. Sicilia, la isla que guarda los rumores del mito, surcada por dos corrientes: la de la eterna juventud y la de la muerte violenta, no siempre es el lugar del paraíso, sino también del exilio y del castigo. Y los espejos humanos: el doble espejo del mal, la mafia y la dictadura, como deformaciones monstruosas del poder. El espejo de la pedagogía basada en el diálogo y de la antipedagogía fundada en la omertá. El espejo de las relaciones familiares en una cultura de diálogo, comprensión, respeto y amor, y las “familias” vinculadas por la cultura de la muerte. El espejo de los sueños, ese mundo donde la fantasía actúa libremente recuperando las claves procedentes de la vigilia. También funciona la imagen del espejo en las dos historias paralelas que constituyen la trama de la novela: la peripecia de la familia viajera en Sicilia y el grupo de terapia que en Buenos Aires, reúne a personajes que buscan un alivio para el terror en aquel tiempo que llevó hasta los límites la privación de la libertad y de la vida misma.

Sólo nos detendremos muy brevemente en algunos aspectos de esta enumeración: las manifestaciones del arte; los sueños; la presencia en la narración de técnicas siniestras de privación de libertad; y el sentido simbólico de la naturaleza.

En relación con el arte, la libertad se manifiesta en ruinas y monumentos que, desde el misterio de su intemperie, confundidos armónicamente con la naturaleza, o desde la plenitud de los espacios interiores, se entregan a la tarea transformadora del tiempo que va modelando construcciones para permitir al contemplador de todas las épocas soñar con antiguos esplendores y reflexionar acerca del tiempo, de la eternidad y de la relatividad que rige la duración y la permanencia. Pág. 35 y 39.

La violencia agazapada o manifiesta en la realidad se traslada a través de esas membranas sutiles que se tienden entre la vigilia y el sueño al mundo onírico donde los terrores y amenazas adquieren la forma de figuras monstruosas, que otorgan a la narración una profundidad inquietante. Siendo ésta una novela que podríamos definir como realista, la presencia del mito y del sueño introducen un elemento fantástico en su trama. Pág. 28 y 42.

Esa atmósfera enrarecida envuelve también con una cierta irrealidad los ambientes en que transcurren dos secuestros: uno en Buenos Aires, durante la dictadura, otro en Sicilia, en medio del viaje familiar. Funciona aquí otra metáfora para designar un recurso que se aplica con frecuencia a la novela: la técnica de los vasos comunicantes por la cual episodios que suceden en distintos momentos y lugares se asocian para que las vivencias circulen libremente y se enriquezcan entre sí. El movimiento de estos dos fragmentos, cada uno de los cuales guarda una sólida unidad, da a la narración un tempo en participan en igual medida el ritmo vertiginoso y angustiante de la búsqueda y la intensidad creciente de la espera desesperada. Pág. 64 y 68.

Por último, en la novela se yuxtaponen diferentes paisajes que se manifiestan mediante la atmósfera emocional y la alternancia temporal. La naturaleza serena y generosa: Pág. 31. El paisaje simbólico: Pág. 95. Y el mundo como lectura de nuestro propio destino humano: Pág.119.

Para finalizar, quiero decir que, si bien aparecen en la obra algunos elementos autobiográficos en relación con los itinerarios geográficos y culturales por Italia, bien conocidos por el autor, a lo que se suma la experiencia de haber ejercido su profesión en aquella época de horror que se instaló en nuestra Argentina, la novela no es una autobiografía, sino una indagación sobre la vida humana en medio de ciertas trampas tendidas en el mundo. Y más allá de un examen de la realidad, Honorable sociedad es una exploración de la existencia, a veces cruel, a veces propicia, siempre compleja, porque la vida no es sólo lo que nos ha ocurrido, sino una apertura hacia lo posible, hacia todo lo que el ser humano puede alcanzar. Y si el poder destructivo está en el mundo y es implacable, sabemos que hay un espacio de libertad y creatividad por el que siempre tenemos que luchar. Creo que ésta es en último término la aportación literaria de Héctor Maffi y el sentido de su novela.

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última actualización:17/04/08