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Presentación libro: Honorable sociedad.  |
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Joan Antón Maragall
Quiero agradecer a Héctor Maffi, al Dr.
Valentín Barenblit y a iPsi la invitación
a participar en este acto.
No es mi oficio ni mi especialidad el comentar un texto
literario.
Me perdonarán pues si lo hago simplemente como lector
y como amigo y por ello les pido que no me exijan una distancia
crítica que para mi sería, en este caso, imposible
de mantener.
Vamos allá.
Me sorprendió, en su día, la faceta de novelista
de Hector Maffi, y quiero, en primer lugar, felicitarle
por el hecho mismo de cultivar esta proyección de
su personalidad.
Pero es que además la obra me ha gustado de verdad.
He pasado buenas horas con ella, y te lo agradezco, Héctor.
No siempre tenemos ocasión de agradecer al autor
los buenos ratos que pasamos con su libro.
Conociendo a priori el tema de la novela, he de reconocer
que me desconcertaron los capítulos iniciales de
“Honorable Sociedad”.
Tuve la sensación de estar ante un relato de viaje,
un género al que soy aficionado y que han cultivado
algunos grandes escritores como Goethe, cuyos relatos de
viajes italianos son inolvidables, y a quien el propio autor
cita en un momento de la novela, a propósito de la
descripción de un campo de limoneros de Sicilia.
Desde el principio me pareció evidente que:
·
no estamos ante una novela de intriga aunque la hay, sin
duda, a partir de la mitad del libro
· también es evidente que
“Honorable Sociedad”, más allá
de otras consideraciones, es la novela de una persona que
sabe escribir y que quiere decir algo muy concreto. La profesión
real del escritor creo que le ayuda en muchos momentos del
libro, pero en ningún momento condiciona, a mi modo
de ver, su contenido.
En realidad, la novela es, para mí:
una clara y rotunda afirmación de VALORES, algo que
últimamente no es habitual.
Creo que un de los méritos de “Honorable Sociedad”
es plasmar el contenido ético en una forma bella
y con una trama que mantiene el interés del lector
hasta el final.
Además transmite una extraña sensación
de familiaridad.
Distingo en la novela diversos ritmos, diversos movimientos
o etapas, que se van sucediendo como en una pieza musical,
organizando las melodías, es decir los contenidos
de la obra.
·
Empezamos con un andante, pausado en el
que los personajes se dirigen hacia el escenario de la trama
central de la novela. Nos sirve para hacer un recorrido
por algunos de los grandes ámbitos del humanismo,
en un viaje real dentro de la novela, pero que a la vez
deja espacios al sueño, a la reflexión y al
recuerdo.
Primero el autor nos presenta a los
protagonistas:
Se llaman, Marcelo y Stella viajan a Sicilia que es en su
origen y su arte, tan griega o más que italiana y
ellos son argentinos.
Se casaron en el salón rojo del Pallazzo Vechio de
la Plazza de la Signoría, bendecidos por el Renacimiento.
Los capítulos iniciales incluyen una extensa referencia
a los sentimientos paternales y maternales de ambos y hacen
alusión a los afectos que surgen en el marco de una
familia extensa, en la que se producen encuentros con seres
desconocidos pero queridos, y se manifiesta la ternura,
la comprensión y la solidaridad. Marcelo y Stella
tienen una gran capacidad de vincularse y de compartir sus
valores con los demás.
Abogado él y psicóloga ella, ambos responden,
en el fondo, al mismo perfil humano: padre y madre, ciudadanos,
viajeros, luchadores, amantes de la libertad y de la cultura,
lectores observadores, sensibles y amigos de sus amigos.
Es un perfil humano que refleja una unidad armónica
formada por Valores éticos: (libertad, respeto, posibilidad
de crear y construir la propia vida).
Que son indisociables de los valores del humanismo y la
cultura: (la mitología, la historia, el paisaje,
la pintura, la arquitectura, la música, la gastronomía,
la enología, el placer del mar... i tantos otros...).
Dice la novela en un momento dado: “mientras tanto,
los esposos, entusiastas de todas la manifestaciones artísticas,
se paseaban fascinados entre monumentos sublimes e imperecederos
que parecían estar ahí como símbolos
de la vida ennoblecida por el esfuerzo y la capacidad de
crear. Mensaje de piedra para la eternidad.”
Así el autor construye unos ciertos “héroes
modernos” perfectamente desdoblados en masculino y
femenino. Además nos presenta a los hijos y de modo
especial a Sofía, que jugará un papel importante
en la novela.
Ya en los primeros capítulos aparece otro personaje,
llamado Gorgias, capitán de barco amigo de Marcelo,
y en quien este deposita en cierta medida la figura del
protector. Encarna a Grecia “el origen de la democracia
y de la cultura” y abre las primeras páginas
con un canto a Atenas y a el Pireo.
La segunda entrada en escena de Gorgias, ya más avanzada
la novela, constituye el pretexto para un canto a la amistad,
pero también a la cocina griega, a sus vinos y a
sus licores.
En este punto se insinúa además el final de
la novela en el que efectivamente el capitán protegerá
a Marcelo y a su familia en una bellísima navegación
hacia Grecia que es el preludio del retorno a Argentina
que cerrará el ciclo.
La novela dedica muchas páginas a la historia, especialmente
a la de Sicilia, que es apasionante. Hector Maffi, como
buen catalán que es hoy, además de argentino
e italiano y español recuerda en este contexto, que
también los catalanes invadimos Sicilia y dejamos
ahí nuestras huellas.
No tiene desperdicio el relato histórico de la inundación
de Florencia de 1966 puesto en boca del Marqués Emilio
Pucci.
La riqueza descriptiva, se une al contenido ético
(el pueblo arriesgando su vida para salvar tesoros de la
humanidad), para ofrecer uno de los momentos más
brillantes del libro.
Curiosamente el aristócrata florentino, un noble
renacentista situado en el siglo XX, que Hector Maffi valora
claramente en la novela, tendrá su réplica
en Sicilia en la figura del Conde di Ragusa, “Aquestapace”
de apellido, por más señas.
Es jefe de una logia masónica, y un personaje a mi
modo de ver claramente gatopardesco.
Ragusa jugará, desde su rol, patriarcal y ambiguo
como el poder mismo, un papel decisivo en el desenlace de
la novela.
·
Una vez presentados los personajes y situados en la escena,
la novela entra en una especie de ritornelo,
formado por fragmentos que preludian o a veces concluyen
momentos del drama. Se insinúan temas para volver
sobre ellos más tarde. A veces este retorno significa
plantear un mismo tema a otra escala o en otro escenario.
Por ejemplo: la misma opresión, la misma “omertà”
se vive bajo la mafia siciliana, bajo el fascismo, bajo
el estalinismo, o bajo la dictadura argentina.
Es esencial en este punto la introducción
de recuerdo del Juez Falcone, a través de una serie
de carteles de homenaje pegados a la corteza de un árbol
en la plaza de un pueblo. Las madres sicilianas, como otras
lo han hecho en otros lugares, escriben al Juez asesinado,
quejándose de su vulnerabilidad y su exposición
al terror y le agradecen que les haya enseñado a
reclamar derechos, en vez de implorar favores.
Como contrapunto aparece el sufrimiento
que impuso la Junta Militar de Rafael Videla, al pueblo
argentino. Es una descripción que encoge el alma
que introduce un paralelismo que se mantendrá a lo
largo de toda la obra.
La opresión y la violencia se plantean también
a través de la mitología. El primer Dios en
aparecer es Polifemo que simboliza la dictadura del terror.
Fue depositado en Sicilia, para sojuzgarla, y se ha reproducido
a lo largo de la historia en mil lugares y momentos. Ha
habido y hay muchos Polifemos, dice el autor.
Polifemo representa pues también a la Honorable Sociedad.
En un capitulo siguiente el protagonista, Marcelo, se enfrentara
a Polifemo en sueños, en desigual lucha cuerpo a
cuerpo, y con gran coraje le derrotará hasta la muerte,
presagiando así el final de la novela.
Las interioridades de la “Honorable Sociedad”
son descritas en la novela, no a través de uno de
sus brutales personajes sino por una joven, llamada Franca,
hija de un mafioso, que ha sufrido anorexia, y que maltratada
por su padre, se salva, al descubrir a través de
una terapia analítica, que otra vida es posible.
Cuando justamente se insinúa la posibilidad de un
secuestro de Sofía, por parte de la familia del padre
de Franca, la hija de Marcelo y Stella, la escena vuelve
a Argentina, donde, en otro contexto, en otra época
y con otros personajes, se consuma otro secuestro.
Se trata de un claro crescendo en la intensidad
del relato, que permite al autor enfatizar los valores que
tienen que ver con la libertad y con la abolición
de diversas formas de opresión.
Este es el tema central que lo relaciona todo y quienes
lo encarnan son los protagonistas de la novela: buscan la
libertad huyendo de la dictadura militar y se topan con
otro tipo de dictadura, para descubrir que ambas son lo
mismo.
El secuestro se consuma pues también en Sicilia.
La novela contiene ahí un párrafo lleno de
sentimiento y de belleza: “La única ley
vigente es la de la violencia brutal al servicio del interés
del grupo que tiene el poder. La impotencia paraliza. La
rabia que produce la injusticia de estar sometidos a la
prepotencia de los más salvajes e ignorantes nos
la tenemos que tragar. No solo nos han quitado a nuestra
hija sino que además nos han despojado de la posibilidad
de pensar, de movernos, de soñar."
A partir de ahí el relato del drama vivido por
personajes próximos a nuestros protagonistas en Argentina
cobra mayor fuerza y dramatismo.
Se trata sin duda de las páginas más duras
del libro, llenas de un realismo sobrecogedor.
· Entramos en un movimiento “Molto
Vivace” en el que se relata el fin de la
dictadura argentina, y la convocatoria de elecciones después
de los hechos de las Malvinas. Es el momento de la liberación.
Una frase lo resume todo: “Cuando
todo está perdido, en ese instante que parece el
último, aparece algo que nos muestra la conveniencia
de haber resistido”
En este momento de la novela se suceden y casi confunden
escenas de Sicilia y Buenos Aires.
En la liberación siciliana aparece la figura de un
sacerdote “Don Salavatore” salvador y mártir,
que protagoniza una de las pocas escenas de humor de la
novela, al enfrentarse a la mafia, como en el sueño
lo hizo Marcelo con Polifemo.
Es interesante este espacio para el humor, en el momento
culminante del drama: Don Salvatore, crucifijo en mano,
irrumpe en el secuestro al grito de “Vade retro
Satanás. El Señor me ha ordenado que salve
tu alma del mal” y no les cuento más...
·
Como en muchas piezas musicales, después del desenlace,
la obra adopta un tono de serenidad.
Se trata de un finale,
que desemboca en la “huida a Grecia”:
La armonía se recompone, se cierran las heridas.
Concluyen las historias de dolor y de angustia abiertas
– tanto las argentinas como las sicilianas-, y vuelve
el sosiego, aunque sea provisionalmente, a ambos escenarios.
Acaba así la novela con una melodía
que es de hecho un canto a la vida impregnado de lirismo.
Las últimas palabras sugieren que se necesitará
mucha energía para reparar tanto dolor y tanta destrucción
pero eso solo con tiempo y un amor sin reservas se podrá
lograr.
Creo de verdad que esta novela de Hector Maffi y las que
la seguirán, son precisamente, expresión de
ese amor.
Muchas gracias.
Seminarios acreditados por el programa de formación de psicoterapeuta
psicoanalítica.
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