Susana Mauer. Psicóloga, psicoanalista.
Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica
de Buenos Aires y de la Asociación Psicoanalítica
Internacional.
Es para nosotras un honor y un privilegio haber sido
tan cálidamente recibidas en vuestra institución.
Gracias a iPsi, gracias Maria Elena Sammartino y Anna Segura
por sus lecturas y aportes, Montserrat Canal por su coordinación,
y en particular gracias al Dr. Valentín Barenblit por
esta oportunidad de compartir con vosotros algunos de los
impactos fuertes, que con este acercamiento hemos tenido nosotras
como autoras. Me refiero a esta posibilidad de ver al libro
en movimiento, saberlo circulando, “cruzando el Océano”,
abriéndose paso por Europa, la de los orígenes
del psicoanálisis.
Asistimos en la actualidad a una complejización del
psicoanálisis, merced al aporte que nos proporcionan
los nuevos paradigmas científicos. El avance del psicoanálisis
se produjo, justamente, por desafiar los límites de
lo analizable.
En este sentido, es el psicoanálisis mismo quién
está atravesando fronteras, está comenzando
a moverse. Los psicoanalistas, y quizás allí
radique el sentido de este libro, nos vemos desafiados a revisar
y recrear nuestras teorías, postulados y herramientas
de trabajo, situando al psicoanálisis como una práctica
instituyente de subjetividad.
Se abren así
nuevos horizontes para
el psicoanálisis. La tarea es estar dispuestos a habilitarlos
y legitimarlos embarcándonos en el ineludible compromiso
de “ponerlos a trabajar”.
Es éste el espíritu de entusiasmo por nuestro
encuentro hoy en Barcelona, ciudad huésped, con colegas
y anfitriones que le hicieron un tan generoso lugar a esta
propuesta. Sepan que este recibimiento enriquece profundamente
los alcances y el sentido de la experiencia de escribir, publicar
(y por qué no, también navegar).
Me sigue sorprendiendo con qué fuerza quien escribe,
se encuentra con la evidencia de que el autor tan solo dibuja
“una huella” y se pierde. Puede dar cuenta de
la ruta del escrito, de su figuración, del proceso
de “abrirse paso” en busca de aquello que intenta
conceptualizar.
Uno puede intentar testimoniar la exigencia despótica
de transparencia, nunca del todo convincente, que despierta
el proceso de escribir. Pero de los caprichos de la escritura
ya hemos hablado algo en el libro. Hoy preferimos referirnos
a los impactos y efectos de escritura en nosotras. Conversando
con Santiago Kovadloff sobre el libro, él lo definió
– evocando a Escher – como una mano que se dibuja
a sí misma, en un esfuerzo desesperado y a su vez,
esperanzado, por no dejar escapar aquello que siempre se nos
escabulle. Y tiene razón, el analista debe su existencia
tanto a la lucha que entabla contra la intrusión de
la propia subjetividad, como a su inevitable presencia. “No
dejar escapar aquello que se nos escabulle” Es que del
encuentro con lo fallido se hace nuestro quehacer. De retoños,
de huellas que hacen al texto psíquico.
Algo de esto nos fue sucediendo tratando de pintar este autorretrato.
Con este libro traemos y proponemos un tema a compartir con
los colegas de Barcelona, hoy nuestros anfitriones. ¿Cómo
interroga a la discursividad analítica y del analista
la actualidad? ¿Cómo se interrelacionan contexto
y psicoanálisis?
Dijimos en algún momento que este escrito intenta recorrer
el psicoanálisis, y en especial la experiencia de psicoanalizar
desde una perspectiva poco usual. Buscamos situar la mira
en la implicación del analista y en sus desvelos, con
la presunción de que ahondar en los conflictos del
analista hace al porvenir de una ilusión (y una esperanza,
que es la nuestra): no dejar al psicoanálisis condenado
a la inmovilidad de sus presupuestos.
Para mover sus fronteras, necesitamos que los problemas sigan
migrando, que recorran nuevos ámbitos donde alojarse
y cuestionarse.
De cualquier modo, el fin último
de la palabra escrita del analista, sea quizás además,
la posibilidad de migrar con las ideas, con los problemas,
para volver a navegar luego por el cauce vivencial del diálogo
analítico.
<<
Volver al Índice